domingo, 18 de enero de 2015

Capítulo 1

Miro mi teléfono distraída, mientras espero el autobús. Yo soy fiscal, no detective; ¿por qué ponerme en este proyecto?
- Naike-vuelvo a la realidad. Veo justo frente a mí un tío que rondará mi edad, estudiándome con la mirada- ¿tú eres la fiscal?-el deje en su voz me hace mirarle con desdén-
- Si quieres algo, tengo cosas que hacer. Así que sé rápido-miro de nuevo mi teléfono. Quedan cinco minutos para que llegue el autobús-
- Soy el encargado del caso de Graih.
- Ajá-suspiro- no sigo órdenes.
- Eso me han dicho-frunce el ceño- soy Gael Haton. Te ayudaré con lo relacionado al caso-le agarro del abrigo y lo coloco a mi lado- ¿qué crees que haces?
- Si vas a ayudarme, será mejor que empecemos. Acabo de recibir permiso para acceder a todo lo referido a la vida de Adrian-subimos al autobús-
- ¿Y en qué te tengo que ayudar?
- Recuerda, soy fiscal. No tengo el instinto que tenéis los polis-sonrío- por cierto, muy buen trabajo con Sue James. Esa bruja se desvanecía.
- ¿Estuviste en el proceso?-me mira extrañado-
- Claro; dirigía la acusación.


Al llegar a los archivos, todos reconocen a Gael y le saludan. Yo mientras reúno las cuatro cajas con la información relacionada a Adrian.
Fotos, cadáveres, autopsias, procesos legales, patas de conducta, informes... Necesitaré más de un semana para leerme toda esta montaña de papeles.
- Naike-saco la cabeza por encima de los papeles- me acaban de decir que Dorian Smith viene hacia aquí-Gael huele a un café suave, como si fuera un olor a medio desaparecer-
- Dorian...-me suena- ¿Dorian Smith?-Gael asiente- ¡Ah! Ya me acuerdo. Ese capullo pretencioso es bueno, pero le pierde el dinero-Gael se sienta- en principio tengo que leerme todo esto; estaré una semana en casa casi todo el día. A partir de ahí empezaré a darte mi opinión-asiente-
- No eres lo que se dice simpática, ¿verdad?-me río-
- Nunca me ha hecho falta.
- ¡Naike!-pongo los ojos en blanco y me giro. Dorian- Cuánto tiempo.
- Podría haber sido más-sonrío-
- Veo que tienes trabajo. Pero con tu bufete seguro que se hace sencillo-sonríe-
- Llevo dos años sin pisar un bufete. ¿Y tú eres Dorian Smith?-Gael sonríe divertido- por cierto, le colgué diez años a Nicky; le di tu teléfono. Te necesitará.
- Tan directa como siempre-me toca el hombro. Huele a perfume barato y lo que diría, ginebra- lástima que ya no estemos en la misma zona-sonríe-
- No sé tú, pero yo ahora disfruto más sin rivalidades molestas. Le gustas demasiado a la cámara.
- Siempre me gustó llamar la atención-se aleja con una sonrisa divertida-
- ¿Eres así con todo el mundo?-miro a Gael y suspiro-
- Todo el mundo es así conmigo.

Mi teléfono suena y miro la pantalla. Samuel.
- ¿Sí?-trajín de papeles,movimientos nerviosos de los dedos sobre el teléfono. Una pausa- ¿Ocurre algo?-se aclara la garganta-
- Adrian quiere verte. Es su condición para ayudarnos a capturar a su hijo. ¿Qué dices?-trago saliva. Noto la atenta mirada de Gael-
- Allí estaré-Samuel suspira de alivio-
- Enviaré alguien a por ti. ¿Dónde estás?

Termino de hablar con Samuel y cuelgo. Me paso la mano por el cuello. Odio visitar la cárcel. Odio lo que hay dentro.
- Gael-levanta la vista de la autopsia de una víctima que no llegará a diez años-deja eso. Lo último que deseo es verte enfadado. Llevas un arma en tu cadera y tal-sonrío-
- Es un hijo de puta-asiento-
- Lo peor que alguien puede hacer es herir a un niño-recojo lo que he sacado- Adrian me ha citado para verle. Es la condición para obtener su colaboración.
- ¿Y vas a ir?-me ayuda a recoger-
- Sí. No hay más opción.
- ¿Cómo puedes hablar tan normalmente con un monstruo?-me mira a los ojos. Le mantengo la mirada-
- Todos convivimos con algún monstruo. No sé porqué no voy a hablar con ellos.
- Yo sería incapaz-sonríe resignado-
- Yo no podría llevar un arma encima-me encojo de hombros-

Llega el coche. Le doy mi número de teléfono a Gael; para que me lleve las cajas. Accede a cambio de una cena. Acepto.
El camino a la cárcel es aburrido. No hay nada interesante en la radio y el conductor no aporta nada mejor. Miro mi reflejo en la ventanilla y suspiro.
Aparca en la puerta y bajo del coche. Pasamos el control de seguridad y entro en la sala donde Adrian me espera.

Adrian es un hombre que rondará los cuarenta y cinco años, de buena complexión. Ojos claros y pelo claro. Sonrisa amable y aura de tranquilidad. El señuelo perfecto para salir a cazar.
- Buenos días, señorita Naike-sonríe-
- Buenos días-tomo asiento- bueno. aquí me tiene.
- Aquí te tengo-un brillo de satisfacción en la mirada-esperaba que se opusiera.
- No me gusta hacer esperar; ni tener que esperar-ladeo la cabeza y la apoyo en mi mano-
- Curioso. Los Petterson tenéis fama de pacientes.
- Soy la oveja negra. No me va lo de seguir la tradición familiar-sonrío. Adrian Graih, el mejor amigo de mi padre; Jonh Petterson-
- Eso es relativo, querida-se levanta y se me acerca. Le miro sin sentir nada-esa mirada es tan bonita.
- Como tu sonrisa-descruzo las piernas- Si sólo quieres revivir recuerdos, me voy.
- No tan rápido. Buscáis a mi hijo, el amigo de Evan-le lanzo una mirada vacía- todos sabíamos que o comías o eras comido-me levanto y me intenta parar. Usando mis dedos le presiono la tráquea-
- Adrian; ándate con ojo. Recuerda que quién pudo con Jonh, no fuiste tú; sino su hija-le suelto-
- Lo recordaré-sonríe-
- No esperaba menos de ti-salgo de la sala-

Tomo un café en la cutre cafetería de la cárcel. Mi aspecto nunca será el que esperas en una fiscal; vaqueros, botas militares, jersey viejo, chaqueta de cuero desgastada. Ojeras, pelo recogido de cualquier manera, maquillaje cero.
Miro mi teléfono y suspiro.
Vuelvo a la ciudad y subo a mi piso. Me ducho con agua muy caliente, para despejar ideas. Hacía tiempo que nadie decía mi apellido y que pronunciaban esos nombres ya olvidados.
Voy a mi habitación y abro el armario. Me pongo casi lo mismo de antes y me seco el pelo. Suena mi teléfono. Es Gael; hora de cenar. Le llevo a un bar alejado y olvidado, donde las conversaciones surgen solas.
- ¿Qué tal en la cárcel?-le miro y suspiro- veo que pudo haber ido mejor.
- Exacto-nos sentamos en una mesa discreta- es el perfecto ciudadano. Un cebo muy bueno si eres asesino en serie-sonrío- aquí la carne está especial.
- Sé que no debería pero...-le miro sabiendo lo que va a decir- he buscado información sobre ti.
- ¿Y te reconforta saber mi pasado?-le miro impasible. No puedo decirle nada, si la información se filtra se hundirá en mierda o en su bañera, depende de lo que diga-
- No lo sé, pero a menos ya sé porqué me sonabas. Por cierto, quiero que tengas mi número, no suelo recordar llamar a nadie-sonrío al ver unas notas a bolígrafo en su mano-
- Sin problema-saco mi teléfono- ¿quieres preguntarme algo?-me mira sin saber muy bien qué hacer- adelante. Eres la segunda persona que lo sabe-pedimos lo que queremos-
- ¿Por qué no eres como ellos?-suspiro-
- Yo fui quién paró a mi padre y mi hermano cayó por negarse a esa vida. Yo decidí sobrevivir-me encojo de hombros-
- ¿Tú sufriste a tu padre? ya saber, él era un...-asiento-
- Todos convivimos con monstruos-muerdo con fuerza mi trozo de carne- tu padre fue muy amable cuando me conoció.
- Pero le gustaban demasiado las faldas cortas-muerde su comida-
- bueno, cuéntame algo interesante.
- ¿Te apuntas a una ronda de chupitos?
- Quién pierda en la cuenta atrás, tiene que entrar en el combate que esta noche hay en este bar-sonríe-
- Trato hecho-sonrío-
- Por el tequila, el limón y la sal-brindamos-

Terminamos empatados, así que nos apuntamos al combate. Gael pelea contra un muchacho joven y muy musculado, pero las llaves que enseñan en el cuerpo de policía no son moco de pavo. Él gana y los que hemos visto el combate aplaudimos.
Se sienta a mi lado y nos volvemos a reír. Amo el tequila.

Oigo mi nombre y me deshago de mi chaqueta. Hago movimientos circulares con mis hombros y entro en el ring improvisado. Mi contrincante es un tío de cara apepinada y manos llenas de cicatrices. Esto va a estar entretenido.
Comienza lanzando golpes que yo esquivo. Justo cuando lanza otro gancho me agacho y le golpe con toda la inercia en el pecho. Se queda sin aire y le golpeo en la oreja. Pierde el equilibrio y antes de caer, lo agarro y le propino un fuerte cabezazo.
Oigo los aplausos y salgo del ring. Me siento en mi sitio. Gael me mira ceñudo y le resto importancia con un ademán.
- Resolveremos esto en otro momento-me levanto-Mañana a las nueve en la comisaría. Deja las cajas con Samuel.
- Espera-le miro. Se levanta- te llevo-me río divertida-
- Con lo que hemos bebido no sé cómo seguimos en pie-me voy del lugar-

Por el camino miro mi teléfono. Es Yuri. Abro el mensaje. "A las doce en tu apartamento". Sonrío.
No me vendría mal algo de acción.

No hay comentarios:

Publicar un comentario