Las nubes cubren el cielo. El traqueteo del tranvía evita que me duerma, y eso que acabo de tomar un café en la cafetería debajo de casa. Anuncian la próxima parada y me preparo para avalanzarme hacia la acera. Odio la hora punta. Odio no tener coche.
Suspiro al alcanzar la acera de una pieza. Miro el cielo. Espero que no llueva; hoy me toca con el tío ese de las corbatas horteras.
La recepción está adormecida, como si no hubiera mucho que hacer. Entro en el ascensor. Café, tabaco, colonia barata, sudor, metal... salgo de la caja metálica y me dirijo al despacho de Samuel.
Está hablando con el de las corbatas horteras y parece que lo esta... diría que despachando. Ojalá no me toque con él. Creo que no sabe lo que es la pasta de dientes.
- Naike, pasa-cierro la puerta a mi espalda- siento decirte que hoy no trabajarás con Paul-se frota el puente de la nariz-
- No hay porqué sentirlo. Me acabas de dar una alegría-sonrío aliviada. Ese tipo es demasiado pedante-
- Lo que tú digas-sonríe divertido- sabes que tu último trabajo fue excelente-asiento. Cuatro meses trabajando con el preso 04587; Armando Ramírez, me permitió llevar a juicio a tres narcotraficantes importantes de la costa este- asique no te sorprenderá que te haya recomendado para que te encargues de Adrian Graih; el asesino en serie más sanguinario de los últimos veinte años.
- ¿Tiene algún seguidor?- Adrian Graih asesinó a doce personas antes de ser perseguido por la policía. Antes de que le trincaran mató a treinta personas. Nadie superaba los veinte años-
- Peor. Un hijo.
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